Elaboración del aceite de oliva
Un fruto en perfectas condiciones es sólo el primer paso para conseguir un aceite de oliva de calidad. También requiere que su proceso de producción sea muy cuidadoso para que extraiga todas sus cualidades.
Se pueden diferenciar cuatro fases principales en la preparación del aceite de oliva: recolección del fruto, molturación y batido, prensado y, finalmente, decantación.
A comienzos de invierno, cuando las aceitunas han alcanzado su punto óptimo de maduración, se inicia el proceso de recolección. Para proteger la integridad y calidad del fruto, los métodos utilizados son delicados y precisos. En algunas áreas, esta tarea se lleva a cabo cogiendo prácticamente a mano las aceitunas. Las ramas se acarician suavemente hasta que las olivas se desprenden. Este sistema se conoce como “ordeño”, puesto que recuerda el modo como se extrae la leche de las vacas. Otros productores emplean la técnica conocida como “vareo”, que consiste en golpear las ramas con unos palos largos hasta conseguir que las aceitunas caigan en una amplia red situada en el suelo. Recientemente, se ha introducido en este proceso una máquina que consistente en un anillo que rodea el tronco del árbol y lo sacude. Algunos especialistas no aconsejan su utilización, porque consideran que este zarandeo puede perjudicar el olivo a la larga.
Una vez las aceitunas están fuera del árbol y para evitar que se deterioren, conviene que se almacenen con cuidado y se inicie el proceso de producción propiamente dicho en 24 horas como máximo. Por ello, se trasladan rápidamente al molino o almazara, donde se lavan para eliminar partículas como arcilla, hojas o ramitas. Poco después, las aceitunas se muelen empleando únicamente procedimientos mecánicos hasta que se obtiene una especie de pasta que después se bate.
Una vez se ha completado esta fase, la pasta se prensa para permitir que los sólidos se retengan y que los líquidos se puedan filtrar. Estos líquidos se componen de aceite de oliva y de una especie de agua llamada “alpechín” que debe ser separada. Esta última fase, que se conoce como decantado, segrega los dos tipos de líquidos por su diferente densidad, de manera que cuando la mezcla se vierte en un recipiente el “alpechín” cae en el fondo y el aceite se mantiene arriba. El “alpechín” se extrae a través de un grifo situado en la pared inferior del recipiente. Lo que queda dentro es el exquisito oro líquido.
Un buen aceite de oliva virgen extra retiene todos sus aromas y sabor durante unos doce meses, así que siempre se aconseja su consumo dentro del año desde su fecha de producción. Después de este periodo, el aceite se puede consumir, aunque puede que haya perdido alguna de sus cualidades.
Es importante tener en cuenta que el aceite de oliva se debe guardar en un lugar seco y aireado, protegido de luz directa. Además, no debe colocarse demasiado cerca de cualquier producto de aroma intenso, ya que el aceite de oliva tiende a absorber el olor de todo lo que le rodea.
Para una selección de aceites de oliva virgen extra de calidad, puedes visitar nuestra tienda gourmet online.
Se pueden diferenciar cuatro fases principales en la preparación del aceite de oliva: recolección del fruto, molturación y batido, prensado y, finalmente, decantación.
A comienzos de invierno, cuando las aceitunas han alcanzado su punto óptimo de maduración, se inicia el proceso de recolección. Para proteger la integridad y calidad del fruto, los métodos utilizados son delicados y precisos. En algunas áreas, esta tarea se lleva a cabo cogiendo prácticamente a mano las aceitunas. Las ramas se acarician suavemente hasta que las olivas se desprenden. Este sistema se conoce como “ordeño”, puesto que recuerda el modo como se extrae la leche de las vacas. Otros productores emplean la técnica conocida como “vareo”, que consiste en golpear las ramas con unos palos largos hasta conseguir que las aceitunas caigan en una amplia red situada en el suelo. Recientemente, se ha introducido en este proceso una máquina que consistente en un anillo que rodea el tronco del árbol y lo sacude. Algunos especialistas no aconsejan su utilización, porque consideran que este zarandeo puede perjudicar el olivo a la larga.
Una vez las aceitunas están fuera del árbol y para evitar que se deterioren, conviene que se almacenen con cuidado y se inicie el proceso de producción propiamente dicho en 24 horas como máximo. Por ello, se trasladan rápidamente al molino o almazara, donde se lavan para eliminar partículas como arcilla, hojas o ramitas. Poco después, las aceitunas se muelen empleando únicamente procedimientos mecánicos hasta que se obtiene una especie de pasta que después se bate.
Una vez se ha completado esta fase, la pasta se prensa para permitir que los sólidos se retengan y que los líquidos se puedan filtrar. Estos líquidos se componen de aceite de oliva y de una especie de agua llamada “alpechín” que debe ser separada. Esta última fase, que se conoce como decantado, segrega los dos tipos de líquidos por su diferente densidad, de manera que cuando la mezcla se vierte en un recipiente el “alpechín” cae en el fondo y el aceite se mantiene arriba. El “alpechín” se extrae a través de un grifo situado en la pared inferior del recipiente. Lo que queda dentro es el exquisito oro líquido.
Un buen aceite de oliva virgen extra retiene todos sus aromas y sabor durante unos doce meses, así que siempre se aconseja su consumo dentro del año desde su fecha de producción. Después de este periodo, el aceite se puede consumir, aunque puede que haya perdido alguna de sus cualidades.
Es importante tener en cuenta que el aceite de oliva se debe guardar en un lugar seco y aireado, protegido de luz directa. Además, no debe colocarse demasiado cerca de cualquier producto de aroma intenso, ya que el aceite de oliva tiende a absorber el olor de todo lo que le rodea.
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